Sobre este Blog

He decidido finalmente hacer públicos mis Apuntes de Misión. Son experiencias de vida que me han marcado y que intento presentar resumidamente para hacer más ágil y amena su lectura.


SOBRE EL AUTOR
El presbítero Belisario Ciro Montoya, pertenece a la Diócesis de Sonsón Rionegro en Colombia y, asociado al PIME (Pontificio instituto de misiones extranjeras), desempeña su ministerio en Bangladesh. Ordenado diácono el 24 de junio del 2011, es sacerdote desde el 29 de octubre del mismo año.

¿Qué ha hecho y que hace Jesús por los hombres?






El significado de la Pascua
Por: Belisario Ciro Montoya

Jesucristo ha resucitado, y con él todos los que creemos también resucitaremos. Esta es la gran novedad del mensaje Cristiano, es aquí donde reside su fuerza y significado más profundo; es esta la noticia que revolucionó el mundo y que hoy continúa a mejorarlo y a transformarlo desde dentro.

Algunos piensan que Jesús marco la historia por sus obras de misericordia, considerándolo como un hombre con un gran sentido social y humanitario; otros intuyen que su valor histórico se halla más en los grandes poderes taumatúrgicos y por los espectaculares milagros que obró, mirando en Él simplemente un ser especial dotado de cualidades sobrenaturales particulares; por otra parte, algunos piensan que por haber recorrido muchas ciudades dándose a conocer y bautizando en su propio nombre logró crear en torno a él mismo una visión exagerada de su persona, en cuanto que se anunciaba como liberador y opuesto a la autoridad constituida; también otros, en fin, consideran que aquello que mayor impresión causó entre sus contemporáneos  y por lo cual tendría un lugar en la historia universal, fue la vasta doctrina que enseñó y los secretos o profecías que reveló a sus discípulos, si bien nunca escribió un libro.

Sin embargo, debemos aceptar que cosas como estas que hemos enunciado muchos otros en la historia las han cumplido. Grandes hombres que han entregado toda su vida por el bien de sus hermanos han acompañado siempre la historia. También los milagros, las profecías, y las grandes sabidurías y doctrinas muchos otros las han descubierto o enseñado.  Hombres santos, maestros llenos de conocimiento y profetas en obras y en palabras se pueden contar muchos en el correr de la historia de la humanidad, antes y después de Cristo. 

Pero, no obstante todo esto, solo Jesús, el Santo, el Profeta, el Maestro, ha meritado dividir la historia de los hombres en un antes y un después de su venida. Pero ¿dónde encontrar entonces la grandeza, la esencia y el fundamento de la obra cumplida en la historia por Jesús de Nazaret? ¿Cuál es su originalidad y significado más profundo?

Su gran revolución la ha cumplido al levantarse de la tumba. Él es el único que ha vencido la muerte, solo Él se ha levantado de la tumba para decir que la vida no se limita a este mundo, sino que en Dios se abre a todos la gloria, el paraíso eterno, la dicha sin fin de la vida futura. Seriamos las criaturas más desdichadas de este mundo si – como dice san Pablo - Cristo no hubiera resucitado. Porque si Cristo no resucitó vana es nuestra fe, vana nuestra esperanza y nuestra predicación (Cf. 1Cor 15,15). Es esta la revolución del mensaje cristiano, esta es la fuente de la alegría, el lumen de la esperanza que Cristo ha depositado en los hombres. En su resurrección, cobra sentido toda su vida y su obra: sus milagros, sus enseñanzas, sus gestos, su sufrimiento, todo se comprende y se hace nuevo, a la luz de su Resurrección. En la resurrección la trascendencia de todo lo que vivió desde su nacimiento hasta su muerte en cruz cobra significado y valor.

Pero también hoy, Jesús continúa a dividir cada existencia humana. Cada uno cuando es tocado, cuando es visitado por Él, en su Palabra, en los sacramentos, especialmente del bautismo y de la Eucaristía, es  regenerado y transformado, es revitalizado y puede cambiar su vida en Él. Jesucristo vino al encuentro de los hombres y partió la historia, pero hoy sigue viniendo a nuestro encuentro, generando en cada alma un antes y un después de Él.

Esta es la Pascua, en esto consiste vivirla en su mayor profundidad y contenido. Es reconocer en Jesús la vida verdadera, abandonar el pecado y reiniciar en Él nuestro camino. La luz de la resurrección ilumina y destruye las tinieblas del pecado, del sufrimiento, del dolor, nos dona la esperanza y la fe en la vida futura alimentando nuestro amor y caridad; cambia nuestra vida desde dentro, transformando así la realidad entera.


Jesús ha resucitado! aleluya! Felices Pascuas !






Cuaresma 2010



¿Qué es la Cuaresma? ¿cual es su razón de ser? ¿para qué sirve a los cristianos un tiempo como éste? Nos disponemos a entrar en la realidad de la Cuaresma, y sin embargo, nuestras preguntas sobre lo que eso significa son efectivamente muchas, de otra parte nuestro modo de concebirla y más aun de vivirla resulta muchas veces incoherente.







Cuaresma no es simplemente una temporada en que cambiamos de nuestro menú familiar el pollo, la carne de res o de cerdo, por el pescado; ni es tampoco un periodo para hacer un paréntesis en un vicio, con la frívola intención de retomarlo nuevamente; ni menos aun es la cuaresma una escusa para cambiar de vestido y andar a la moda del nuevo año (de nada vale sin una sincera conversión interna); o peor, que sea solamente el cumplimiento de unas tradiciones, que aunque bonitas, solo hacen parte de la historia como un recuerdo muerto que nos reúne anualmente.


 La Cuaresma no es nada de esto. 

Ella es en cambio la oportunidad, que solo a nosotros es dada, de hacernos creaturas nuevas, asumiendo con seriedad y valor el don de nuestra redención. “Despierten  del sueño – dice san Pablo – la noche va pasando y el día esta encima. Revístanse de las armas de la luz”. Revístanse de los dones del Espírito de libertad que han recibido: de oración, de fe y de caridad. A esto nos urge la cuaresma, no como una invitación superficial y tímida, sino con un grito audaz y lleno de celo que brota desde el corazón de Cristo, triturado en la Cruz por nuestros pecados.
“Ahora es el momento favorable y propicio, ahora es el día de la salvación”. No podemos aplazar nuestra respuesta, esta cuaresma y la celebración de la Pascua, son el momento de gracia que el Señor nos regala, el centro y culmen de nuestra fe cristiana. Aceptémoslo con humildad por nuestros pecados, y con alegría por la paz que la conversión realiza en nosotros.
 Que el Señor nos conceda el don de su Espíritu para que mirando Su obrar en nuestra vida, contemplando todo lo que Él ha hecho por nosotros, también con humildad reconozcamos nuestra frágil condición y nos convirtamos de corazón. Por eso no desesperamos, pues nuestra salvación está siempre a la puerta. Llama y espera pacientemente, hasta que nosotros le respondamos y le dejemos entrar.

Por: Belisario Ciro Montoya