Sobre este Blog

He decidido finalmente hacer públicos mis Apuntes de Misión. Son experiencias de vida que me han marcado y que intento presentar resumidamente para hacer más ágil y amena su lectura.


SOBRE EL AUTOR
El presbítero Belisario Ciro Montoya, pertenece a la Diócesis de Sonsón Rionegro en Colombia y, asociado al PIME (Pontificio instituto de misiones extranjeras), desempeña su ministerio en Bangladesh. Ordenado diácono el 24 de junio del 2011, es sacerdote desde el 29 de octubre del mismo año.

Bangladesh - Guatapé - Bangladesh



 

Bangladesh – Guatapé – Bangladesh

    Since my return to Bangladesh was announced, many people have repeatedly asked me: "Why did you get tired of Guatapé so quickly?" I would like to take this opportunity to answer that question.

    To understand my decision, it is important to know the background.

    The Diocese of Sonsón–Rionegro, which comprises 21 municipalities in Eastern Antioquia and 75 parishes, has been blessed with an abundance of priestly vocations. Today, it has nearly 600 priests. For this reason, our Bishop sends some of us to serve in other dioceses throughout Colombia and around the world, helping to alleviate the shortage of priests in places where they are most needed.

    In 1999, the Diocese established an agreement with the Pontifical Institute for Foreign Missions (PIME) to send priests to Asia for fixed missionary terms. The first group, consisting of three priests served from 2000 to 2005. A second group remained there from 2006 to 2011. Later, in 2013, Fr. Danilo Gómez and I volunteered to continue this missionary commitment for a period of eight years.

    When that period ended in 2021, no priests were available to replace us. Consequently, although Fr. Danilo returned to Colombia, I chose to remain in Bangladesh for four additional years. After completing that extended period, I returned to my Diocese. However, since there were still no volunteers to continue this mission, I once again placed myself at the disposal of my Bishop to return to missionary territory. Fortunately, this time Fr. Danilo and another brother priest have also answered the call, and the three of us will be leaving together.

    Seen in this light, my decision to return to Asia—even after spending such a short time in Guatapé—becomes easier to understand. It is not because I was unhappy there; quite the opposite. I simply wish to serve where my presence is most urgently needed.

    In Bangladesh, Catholics make up less than 0.5% of the population in a predominantly Muslim country. The shortage of priests is severe, and vast communities depend on very few pastors to celebrate the sacraments and accompany them in their faith. While here we are blessed with many priests, the reality in much of Asia is exactly the opposite. In conscience, I feel called to go where the Church needs me most.

    Although it is difficult to leave my family and, from a purely human perspective, I would naturally prefer the comfort of remaining here, I am driven by God's call to help build the Church on the frontiers of mission and to live my priestly vocation more fully. And this is the life I have freely chosen.

    From the bottom of my heart, I thank my fellow priests and the entire parish community of Guatapé, who welcomed me during these months with extraordinary affection, generosity, and faith. You will always remain in my prayers, and I humbly ask you to remember me in yours.

Fr. Belisario de Jesús Ciro Montoya

Bangladesh - Guatapé - Bangladesh

 


Bangladesh – Guatapé – Bangladesh

 

Dado que es una pregunta constante desde que se anunció mi regreso a Bangladesh, deseo aprovechar este espacio para responder a quienes me dicen: ¿Por qué se aburrió tan rápido en Guatapé?

Para comprender la respuesta, es necesario conocer el contexto. La Diócesis de Sonsón – Rionegro, que abarca 21 municipios del Oriente Antioqueño y 75 parroquias, goza de abundantes vocaciones sacerdotales. Actualmente cuenta con cerca de 600 sacerdotes. Por esta razón, nuestro Obispo nos envía a otras diócesis de Colombia y el mundo, ayudando a mitigar la escasez de ministros en otras regiones.

Desde 1999, la Diócesis estableció un convenio con un Instituto Misionero (PIME) para enviar sacerdotes a Asia por períodos determinados. El primer grupo, compuesto por tres sacerdotes, sirvió entre el año 2000 y el 2005; de este formó parte el P. Fabio Arcila. El segundo grupo permaneció allí de 2006 a 2011. Posteriormente, en 2013, el P. Danilo Gómez y yo nos ofrecimos voluntariamente para asumir dicha misión por un lapso de ocho años.

Al concluir ese período en 2021, no hubo sacerdotes disponibles para el relevo. Por ello, aunque el P. Danilo regresó a Colombia, decidí prolongar mi estancia cuatro años más. Finalizado ese ciclo, retorné a la Diócesis. Sin embargo, ante la falta de voluntarios para esta obra, decidí ponerme nuevamente a disposición de mi Obispo para regresar a territorio de misión. Afortunadamente, esta vez el P. Danilo y otro hermano sacerdote se han sumado al llamado, por lo que viajaremos los tres.

Bajo esta perspectiva se entiende mejor mi motivación para regresar a Asia, a pesar de haber estado tan poco tiempo en Guatapé. No se trata de descontento; todo lo contrario. Simplemente deseo servir allí donde mi presencia es más urgente. En Bangladesh, la Iglesia católica es una minoría absoluta que representa menos del 0.5 % de la población, en un entorno predominantemente musulmán. Allí, la escasez de sacerdotes es crítica y extensas comunidades dependen de muy pocos pastores para recibir los sacramentos. Mientras aquí disponemos de un amplio número de sacerdotes, en el continente asiático la realidad es opuesta. Me siento obligado en conciencia a acudir a donde la Iglesia más me necesita.

Aunque es difícil dejar a mi familia y, en un plano meramente humano, preferiría disfrutar de una vida más cómoda aquí, me impulsa el llamado de Dios a construir Iglesia en las periferias y vivir mi vocación sacerdotal con mayor plenitud. No me marcho por exclusión; es mi opción de vida.

Agradezco de corazón al equipo sacerdotal y toda la comunidad de Guatapé, que durante estos meses me acogió con inmenso cariño, generosidad y fe. Los llevo siempre en mi oración y me encomiendo a las suyas.

 

P Belisario de Jesús Ciro Montoya 



Del miedo a la esperanza

 




Estos últimos días han sido críticos en la historia del Bangladesh. Una protesta estudiantil provocó la dimisión y la huida de la primer ministro y la disolución del gobierno, y desde entonces un gobierno transicional está al frente del país. En cuestión de pocos días se produjo una “revolución” que en otros países hubiera costado años. Una pequeña movilización de estudiantes universitarios por una causa justa (las cuotas de empleo en el gobierno) degeneró en un movimiento de masas que aglutinó el descontento de tantos años por la corrupción rampante y el autoritarismo del gobierno, provocando su caída.

Durante las protestas, el ambiente en mi parroquia Chandpukur y sus alrededores era normal. Pudimos mantener activos todos nuestros servicios pastorales, incluida la escuela. Dado que las protestas se concentraron principalmente en las grandes ciudades, no consideramos necesario cerrar, como había sido ordenado. Sin embargo, desde el lunes 5 de agosto ante el derrocamiento del gobierno, el ambiente aquí como en todo el país se tornó en zozobra y miedo. Vandalismo y anarquía por todas partes, destrucción de sedes de partido, ataques y saqueos a casas y negocios de dirigentes políticos y sus simpatizantes, asesinatos y linchamientos, y en medio de todo esto, nosotros: las minorías indígenas y cristianas indefensos ante la marea de violencia y destrucción.

En mi vida he experimentado muchas veces el miedo, pues también el Peñol fue golpeado fuertemente por la guerra en Colombia, pero lo que viví aquí esos días lo recordaré por siempre. Primero la sensación de abandono y orfandad al ver huir a la primer ministro, y luego el hallarnos indefensos y vulnerables ante la anarquía reinante. Como párroco, sin embargo, tuve que hacer de tripas corazón. Donde casi todo era oscuridad, había necesidad de iluminar; donde solo había desesperación y confusión, tenía que señalar un horizonte. Gracias a Dios y al apoyo que recibí desde la Nunciatura y la embajada española, el obispo de Rajshahi y otros amigos y activistas, pudimos mantenernos fuertes y superar las situaciones más complejas. Y así, aunque algunas de nuestras familias han sufrido la destrucción de su casa o el saqueo y robo de sus bienes o tierras, ninguno de nuestros cristianos ha resultado gravemente herido o muerto. Nos queda esperar que cuando se restablezca el orden y la ley podremos actuar ante los órganos legales para recuperar todas estas cosas.

Sin embargo, el país sigue inestable. Y aunque la mayoría esperamos un cambio positivo los eventos de los últimos días son bastante preocupantes, particularmente para las minorías hindú, cristiana y otras. Ha habido linchamientos por supuestas blasfemias, ataques a las mujeres que salen solas o no visten la burqa, ajusticiamientos de opositores, destrucción de santuarios y templos hindú o sufís… etc. eventos que antes eran casi inconcebibles.

Por eso les pido oración por Bangladesh y la Iglesia aquí presente, y para que quienes han asumido la responsabilidad de guiar este país lo hagan en base a principios de justicia, pluralidad y fraternidad.

Pbro. Belisario Ciro Montoya