Sobre este Blog

He decidido finalmente hacer públicos mis Apuntes de Misión. Son experiencias de vida que me han marcado y que intento presentar resumidamente para hacer más ágil y amena su lectura.


SOBRE EL AUTOR
El presbítero Belisario Ciro Montoya, pertenece a la Diócesis de Sonsón Rionegro en Colombia y, asociado al PIME (Pontificio instituto de misiones extranjeras), desempeña su ministerio en Bangladesh. Ordenado diácono el 24 de junio del 2011, es sacerdote desde el 29 de octubre del mismo año.


5 de septiembre del 2017

Muy queridas amigas y amigos en Colombia

Como lo prometido es deuda, me estoy reportando después de un mes de haber regresado a Bangladesh para compartirles algunas experiencias.

Primero, del viaje les cuento que fue mejor de lo esperado: sin ningún contratiempo y con mucha comodidad. También respecto a mi familia, y gracias a Dios, debo decir que la despedida fue màs serena que la primera vez. Llegando a Bangladesh me alegró el poder reencontrarme con el padre Danilo, que me esperaba en el aeropuerto y junto con él, pude participar después en la ordenación sacerdotal de un joven del Bangladesh que irá en misión a un país del África. Como ven, la Iglesia aquí a pesar de ser pequeña en numero, es grande y generosa en cuanto a su compromiso misionero.

Como segundo, les cuento que encontré que nuestro equipo de misioneros se haya en un periodo difícil en cuanto a la salud. Algunos han regresado a Italia por enfermedad, otros están aquí pero en tratamientos y, los demàs trabajando pero con mayor presión cubriendo diversas responsabilidades. Yo he sido destinado para trabajar en una Misiòn (Parroquia) llamada Gultha, pero antes de viajar allà me han pedido de estar en otra parroquia mientras regresa el párroco, quien está en Italia para tratamiento médico. Les pido por eso oración por cada uno de los padres de nuestro equipo misionero del PIME en Bangladesh. Muchos de ellos han estado aquí la mayor parte de sus vidas, sirviendo con dedicación y amor a estas gentes. Ahora están adultos y enfermos. Oremos para que, aunque la fuerza de sus cuerpos se debilite, su fe y ardor misionero no se apaguen nunca.

En tercer lugar, les comparto también que este año las inundaciones han sido supremamente graves, como consecuencia ha habido alrededor de cien muertos y miles de damnificados. Al sufrimiento y limitaciones rutinarios se ha sumado este otro problema. Les pido oración y generosidad también a nivel económico. Son muchas las personas que acuden para pedirme ayuda. Y aunque no considero que brindar ayuda económica sea mi tarea principal aquí, sé que debo ayudar a todos los que pueda y con los pocos recursos que tengo ¡Ayúdenme ustedes a ayudar!

Finalmente, estos dìas ha tenido lugar la celebración de una de las fiestas principales del calendario musulman: se llama “Id al Asja”, que por la alegría que genera entre ellos es comparado a la Navidad cristiana. No hay regalos, juguetes, luces, juegos o cantos de niños como en Navidad, pero si el reencuentro con la familia alrededor del sacrificio de una Res o Cabra a Allah, que se hace en recuerdo del sacrificio de Abraham. Ojala esos sentimientos de amor familiar también perduren entre nosotros.

A todas las bendigo de corazón deseándoles que la visita del Papa Francisco sea una ocasiòn para renovar su fe y su compromiso como creyentes en Cristo y miembros vivos de su Iglesia. Un abrazo y hasta pronto.

Con afecto de hermano, hijo y amigo
Pbro. Belisario Ciro Montoya

Carta dirigida al grupo Edad Dorada de la Floresta, Medellín en Septiembre de 2017

Misioneros por decreto... divino


La Iglesia existe para evangelizar (EN 14) y por tanto los bautizados somos esencialmente y por naturaleza evangelizadores. Jesús nos llama para estar con Él y para enviarnos (cf. Mc 3,14), y todos por un impulso interior e ineludible somos empujados a comunicar a los demás el don que hemos recibido. ¡Ay de nosotros sino evangelizáramos!

Sin embargo, el vivir en un ambiente “cristianizado”, en una cultura “evangelizada”como la nuestra (Colombia), nos lleva a caer en la tentación de cerrarnos en nosotros, de no ver más allá de los limites geo o demográficos de nuestra Iglesia particular, de hacernos autorreferenciales olvidando el resto del mundo, es decir, a los más de 4.000 millones de personas que no conocen todavía a Jesús y, peor aún, a olvidar a todos aquellos hermanos que viviendo como minorías son perseguidos a causa del nombre de Cristo.

Como el Padre eterno ha enviado a su Hijo así el Hijo nos envía a nosotros (cf. Jn. 20,21). En efecto, una de las configuraciones originales del ministerio consagrado es la del que hoy llamamos Misionero. A él, a su vez, corresponde la imagen de una Iglesia naciente entendida como Camino, es decir, una Iglesia no considerada como una mole majestuosa pero estática, sino como un Sendero de horizontes siempre abiertos, como una realidad dinámica e inacabada, operante y de apertura universal. De hecho, antes que se constituyera un ministerio pastoral fijo y encallado en una comunidad singular, la primera conciencia e impulso de los que se consagraban a Dios, era la del salir hacía donde el Señor dispusiera, donde el Espíritu los empujara (cf. Hc20,22), dejando atrás familia, bienes y, en la mayoría de las veces, patria, y esto no por un tiempo determinado sino para siempre. Esta fue justamente una de las razones prácticas para el afianzamiento de la disciplina del celibato y la pobreza evangélica desde los primeros siglos.

Pero una Iglesia tan “particular” como Sonsón-Rionegro, bendecida con abundantes y santas vocaciones cristianas, es Misionera no solamente por vocación originaria sino por una obligación y una responsabilidad inevitables de cara al Señor y al mundo entero. Así lo hemos entendido y asumido Obispos y Sacerdotes a lo largo de estos 60 años de vida diocesena, y seguramente lo seguiremos haciendo.

El celo misionero sea pues el elemento que aglutina y robustece el ADN vocacional de todos.¡Ay de nuestra Iglesia diocesana sino evangelizara! ¡Ay de nosotros sino abrimos nuestro corazón y mente a una misión sin fronteras! Nos transformaríamos en simples burócratas de la religión, en guardianes de museos llenos de piezas hermosas pero inertes; admiradas y hasta ambicionadas por muchos, pero no dignas de ser amadas hasta el punto de entregar la vida por ellas.


Belisario Ciro Montoya, Pbro.